Era muy habitual escuchar a mis profesores, especialmente de primaria,
referirse al desarrollo de la clase como "dictar la clase"; sin lugar
a dudas el término resultaba pertinente si entendemos "dictar la
clase" como un proceso pedagógico caracterizado por realizar un dictado
tomado de un texto escolar, obligar a que el estudiante lo copiara en el
cuaderno de la asignatura respectiva y escuchar posteriormente la explicación
de profesor. En algunas ocasiones ocurría al revés: primero el profesor explicaba
y luego venía el extenso y tedioso dictado.
En secundaria el panorama cambió un poco, empezando porque ya no se escuchaba
el "dictar la clase", ahora se hablaba más de “la clase” a secas. En
secundaría se redujo significativamente el famoso dictado de primaria, se
volvió más habitual la toma de apuntes voluntarias a partir de la explicación
del docente de la asignatura respectiva o lo que escribía en el tablero. La
explicación tenía un marcado carácter magistral, el profesor era el
especialista de la temática que compartía su conocimiento con los estudiantes.
Ahora había más actividades con notas empezando por los constantes exámenes,
sin dejar de lado las exposiciones y talleres en clase.
Imagen tomada de https://didacticageografia.wordpress.com/estrategias-metodologicas/
Ahora que ejerzo la docencia en educación básica, traigo estos recuerdos
a las mente y los relaciono con el momento de "planear" mis clases y
encomillo la palabra, porque desde la facultad de educación hasta los colegios
que he trabajado sigue teniendo más fuerza y arraigo la palabra
"preparar" y me cuestiono: ¿Qué tan alejado o qué tan cerca estoy de
la práctica docente de mis profesores de primaria y secundaria?
Hoy como docente cuestiono las prácticas educativas tradicionales que
convierten al estudiante en un actor pasivo de su proceso educativo, pero
todavía sigue teniendo un enorme arraigo, especialmente en asignaturas teóricas
como Ciencias Sociales, la clase magistral o se ha confundido el mantener
activo al estudiante asignándole actividades del libro guía del docente sin
tener mayor fundamento sobre como inciden éstas en su aprendizaje.
Todo este contexto que he planteado nos debe poner a reflexionar a los
docentes de hoy sobre desarrollo de la clase, empezando desde el primer y más
importante de los elemento, y que muchas veces dejamos de último: planear la
clase. El ejercicio de planeación debe partir de la base que el propósito de
cualquier clase es lograr que el estudiante aprenda. Si gastamos una hora
desarrollando una actividad y el estudiante no logró apropiarse de ningún
concepto algo falló y pueden haber muchas causas externas e internas, pero muy
probablemente la causa principal haya sido que en el estudiante no se generó un
aprendizaje significativo.
Imagen tomada de http://es.catholic.net/op/categoria/816/proyecto-familia.html
Por eso a la luz de los autores Frida Díaz Barriga Arceo y Gerardo
Hernández Roja, profundizando las ideas de David Ausubel padre del aprendizaje
significativo, un verdadero aprendizaje se da cuando “el alumno sea capaz de relacionar de manera no arbitraria y
sustancial la nueva información con los conocimientos y experiencias previas y
familiares que posee en su estructura cognitiva; y b) que los materiales o
contenidos de aprendizaje posean significado potencial o lógico”.
En otras palabras el aprendizaje resulta significativo para
el estudiante cuando lo involucra directamente a él (fundamentos de las tesis constructivistas)
y cuando el nuevo conocimiento presentado por el docente choca con las ideas
previas del estudiante para que pueda interiorizarlas y no simplemente
memorizarlas para un examen.
Puede parecer sencillo en el papel pero en realidad
involucran una tarea dispendiosa por parte del docente que inicia desde el momento
en el que comienza a planear la clase y a definir qué intenciones tiene para desarrollar
en los estudiantes (objetivo que hoy se han diluido con la jerga que se plantea
desde el ministerio de educación con estándares, logros, objetivos de
aprendizaje, etc.); reconocer las ideas
previas de los estudiantes (muchas veces el lenguaje de los estudiantes nos
resulta desconocido); generar contenidos y recursos que le resulten adecuadas a
su contexto social (muchas veces enseñamos con base a lo que a nosotros como
docentes nos gusta); plantear el desarrollo de las competencias que los autores
relacionan con los conocimientos declarativos, procedimentales y actitudinal (organizar
y jerarquizar los conceptos propios de nuestra asignatura).
Imagen tomada de http://elpsicoasesor.com/como-aprender-ensenar-aprendizaje-significativo/


